NACIDAS PARA APRENDER...CONTINUAMENTE

Son curiosos  los designios del destino o de la Providencia para con el ser humano. O cualquier nombre que le demos a las Leyes del Universo desde las que tratamos de explicar lo inexplicable de lo que nos sucede en nuestro cada dia. 

Esta semana se presentaba ante mis ojos como un atractivo reto, repleto de oportunidades de apertura y expansión, al mismo tiempo que daba rienda suelta a esa creatividad contenida y a la labor educativa de promover el despertar de las conciencias desde la palabra y la vida. Retos impuestos que en ocasiones no coinciden con la misión para la que hemos nacido, pues el ego nos absorbe el sentido y perdemos precisamente, la focalización de nuestro ser y sentir.

Todo apuntaba al disfrute del éxito y la satisfacción personal, a la gratificación por el trabajo bien hecho, aunque solo reconocido desde la intimidad. 

Se expandían delante de mis ojos, los grupos terapéuticos que llegan a compartirte su adoración y desde donde te sigues alimentando...
  • Las nuevas experiencias de apertura del alma...
  • Las nuevas iniciativas transformadoras del entorno inmediato, tedioso, mediocre, desinteresado por todo cambio de las conciencias y centradas en la obra de toda una vida escrita en papel...
  • Expansión fuera de las lindes de lo conocido, hacia otros pueblos, otros modos de ver y entender la vida...







Desde luego, todos ellos regalos de incalculable valor concentrados en una semana del ser humano, tiempo insuficiente para todo lo que es necesario aprender aún. Todos estos regalos finalmente, arrancados de un plumazo por el destino jugueton que desea enseñarte algo, aunque aún no sepa muy bien el qué. 
Tiempo de stop forzado, de retiro inmediato, de cuidado sanador de emergencia y de necesidad de búsqueda de esa paz del espíritu.

"El ser humano propone y Dios* dispone" es un dicho extraído de la sabiduría popular. 

¿Con qué me quedo de esta experiencia? Que lejos de ser traumática es cuanto menos, molesta y desagradable para nuestro Ego...

No tenemos el control de todas las cosas. Más bien, no tenemos el control de nada, y desde esa aceptación gratuita de nuestra capacidad ilimitada de amar y de compartir, me vuelvo a poner al servicio del Universo, cuando El decida yo estaré. Cuando El me necesite, yo caminaré. Cuando El me despierte, yo me levantaré. Mientras tanto, acepto desde la resiliencia y mi actitud de crecer ante la dificultad, mi destino. 

Y sólo por hoy, también, doy gracias por tanto aprendido.  

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