APRENDER A DESPEDIRNOS DE LA VIDA


Desde el momento mismo en que nacemos, ya estamos perdiendo parte de nuestra vida; un periodo ya vivido que consumimos casi sin darnos cuenta.
A lo largo de nuestros amplios procesos formativos, escolares, universitarios, profesionales… no encontramos ninguna asignatura que se llame “aprender a morir”. Por eso, es tan doloroso el proceso de duelo, o el proceso de preparación a la muerte.
Ya son varias, cada vez más frecuentes esas idas y venidas a los espacios de duelo y encuentro con las familias y amigos que perdemos a alguien amado. Idas y venidas que se suceden en las semanas y en los meses y que van llenando nuestra agenda en cada vez más ocasiones. Quedas en el síndrome del superviviente que dice. ¿por qué no me tocó a mi? o bien con esa otra reflexión que dice. "cualquier día me toca a mi también..."


 
 Estas circunstancias límite son las que nos sirven a todos de "señal de aviso sobre la relatividad y urgencia de las cosas". Si hoy fuera mi ultimo día de vida, ¿qué haría? ¿qué dejaría de hacer? ¿Cuáles serían mis verdaderas prioridades? ¿Qué desearía no olvidarme? Al menos nos permite entrenarnos en estas elecciones, en estos caminos de preocupaciones innecesarias, en estos enfados ridículos, en estos afanes de protagonismo enfermizo, en esta sinrazón de dominio y de poder que al fin y al cabo, se desvanecerán con nosotros también. Por tanto, ¿qué es lo que realmente importa?

Este aprendizaje vital, va a requerir sobre todo el desprendimiento permanente. Pero este desprendimiento que conlleva desapego, no significa en ningún momento frialdad o distanciamiento insensible. Hemos de amar. Amar intensamente. Amar dejando en lo amado, parte de nosotros. Amar como si fuera el último día de nuestra vida, y al mismo tiempo, ser capaces de vivir desde este amor que nos fortalece, aunque se marche de nuestro lado. 

El amor siempre es y será vida, es transformación, es movimiento, es experiencia, y quizás se aleje de nuestro ser corpóreo, pero hemos de tener claro, que el amor vivido, jamás desaparece de nuestro corazón ni de nuestro recuerdo. Es un amor tan grande por la vida…que nos prepara para la muerte y la despedida, sin desfallecer en el intento. Porque la muerte, forma parte de la vida. Es un proceso por el que hemos de pasar necesariamente. ¿Quién ha dicho que fuera fácil?    

Comentarios